Acumulitis

He vivido en 9 casas, he tenido 9 hogares en cinco ciudades distintas. Quizás por eso me resulta fácil darme cuenta de lo poco importantes que son las cosas, y quizás por eso me sorprende el apego que a veces depositamos en ellas. No hablo ya del Síndrome de Diógenes, sino de personas sin síndromes pero con serias dificultades para desprenderse de sus pertenencias. ¡Como si fueran horrocruxes que poseen parte de nuestra alma!

Recuerdo las maletas de mis hijos cuando se iban 6 meses de Erasmus… grandes, llenas… ¡y sus armarios seguían llenos! ¿Por qué tenemos tanto? ¿Qué nos aportan las cosas? En parte, sensación de seguridad, de estar preparados para lo que pueda venir; además, yo creo que tenemos todos una tendencia al disfrute por el simple hecho de poseer algo;  para algunos, las cosas son indicadores de su valía y su importancia; para otros son símbolos de apegos y afectos pasados…

Pero entre tanta cosa es difícil encontrar algo, empezando por encontrarnos a nosotros mismos. Por eso mi madre me llama cuando quiere deshacerse de cosas, porque sabe que actúo sin contemplaciones. No es que me sobren las cosas o me molesten, solo sé que despejando mi espacio estoy despejando el alma y la mente, estoy haciendo silencio para escucharme (¡cuánto gritan las cosas!), y sé que darnos cuenta de que podemos vivir con menos de la mitad de lo que tenemos cambia nuestra manera de estar en el mundo, nuestra manera de habitarlo, y nos hace más libres.


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